En muchas ocasiones he dejado claro lo importante que es hacer un testamento, aunque uno “no tenga nada que dejar”, aunque tan sólo sea, que no es el único motivo, para evitar que los herederos tengan que recurrir a hacer un acta notarial de declaración de herederos, (su nombre técnico, “declaración de herederos ab intestato”, ya que ésta, además de ser más cara, (unos 180 euros, frente a los 40 euros de un testamento… y para que la cuenta bancaria que hay que regularizar resulte tener 100 euros de saldo), es mucho más rápido en su ejecución y con menos “papeleo”.

Ahora bien, tanto si se trata del interesado que va a hacer el testamento, como si se trata de los herederos que lo van a ejecutar, surge la pregunta, ¿entenderán luego mis herederos lo que yo quería decir?, o, ¿será ésta realmente la voluntad que tuvo el testador cuando hizo el testamento?. En pocas palabras, estamos abordando cómo hay que interpretar el testamento.

            Pues bien, el art. 675 del Código Civil establece que el testamento hay que interpretarlo  literalmente, según el sentido literal de sus palabras, de donde se desprende que si va a hacer testamento, hay que comprobar que las palabras, frases y expresiones que se están utilizando, realmente signifiquen lo que queremos decir. Por ejemplo, una persona podría decir: “dejo a mi mujer los pisos, y a mis hijos todo lo demás”, y realmente estar queriendo decir, “dejo a mi mujer los pisos, lo que incluye las cocheras, los trasteros y los locales anexos, y mis hijos todo lo demás”. Éste es sólo un ejemplo de cómo podríamos estar diciendo una cosa, y queriendo decir otra, lo que podría dar lugar a problemas cuando el testamento haya que interpretarse, pues podría surgir una discusión entre la viuda y sus hijos e hijas –y porqué no decirlo, sus nueras y yernos -, a la hora de entender si sólo ha de heredarse por aquélla los pisos, o si también las cocheras, trasteros y locales que de toda la vida han “formado parte de ellos”.

            No obstante lo anterior, el art. 675 del Código Civil establece lo que podríamos llamar, un “mecanismo de seguridad”, pues dice que el testamento ha de ser interpretado literalmente, siempre que no “aparezca claramente que fue otra la voluntad del testador”. Esto implica directamente que lo que realmente ha de tenerse en cuenta es lo que la persona que hizo el testamento quiso decir realmente, y por ello, hay que entender que:

1.- En primer lugar, que lo que quiso decir es lo que dice el testamento, pues si hubiera querido decir otra cosa, lo habría dicho, (obvio, ¿no?).
2.- En segundo lugar, que si se demuestra que aunque la mayoría de los seres humanos que hablan español entienden una cosa, pero que el testador quería decir otra, ya sea porque era su forma de expresarse, o porque el lugar donde vivía era costumbre entenderlo así, o por cualquier otra razón, habrá que dar prioridad a esta forma “personal” de expresarse. Lo realmente importante, es lo que quería el testador.

            Finalmente, y como apoyo a lo que he dicho en las líneas de arriba, termina diciendo el Código Civil que “en caso de duda, se observará lo que aparezca más conforme a la intención del testador según el tenor del mismo testamento”, es decir, que si en otro lugar del testamento se aclara lo que quería decir el testador, (por ejemplo, porque vuelve a emplear la misma expresión, o palabra, y ahí no hay duda de a lo que se refería),  pues esto se puede utilizar para interpretar la parte “dudosa”.

            En conclusión, que el testamento hay que entenderlo mirando lo que aquél que lo otorgó quería decir, pero como nadie es adivino, en principio habrá que creer que quiso decir lo que significan las palabras de manera literal, y si fue otra cosa distinta, el interesado en esa otra interpretación, tendrá que demostrarlo.

David Tierno García

Abogado

 

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